domingo, 4 de abril de 2010

CUANDO DESPIERTES MAÑANA ( 24.-).-

Era el restaurante más romántico que hubierais soñado jamas.Quizás ya no estuviera de moda
como en aquellos otros días fabulosos en los cuales mandaba claramente en la ciudad,pero de todos modos seguían acudiendo puntualmente parejitas (de solteros y casados) y lo que es mas interesante grupos de amiguetes como anticipo a las grandes juergas nocturnas.El día quería morir,y si bien aún no le dejaba paso la noche,las luces exteriores del establecimiento sé habían apoderado del escenario.A tan solo unos metros,las olas sé estrellaban furiosas contra las rocas y entonces toda aquella espuma blanca moría saltando en aquel combate desigual,pugnando por subir hasta el infinito,como queriendo ir a fundirse con el atardecer.(tenía una ubicación excelente).Eger Washington y Azucena Valdemoro,alegres,hermosos,y contentos de verse,sé rieron bastante recordando a sus amigos comunes y de la infancia.Habían dado ya buena cuenta de los entrantes,cuando 2 violinistas vestidos de época,sé acercaban hasta ellos interpretando una pieza muy conocida,aunque no por ello menos magistral.(de verdad que no sé lo esperaban)
Tocaban:"volverás a mi en primavera".Melodia que a Azu la llegaba siempre al corazón.Tambien rieron en los segundos y como no en los postres.Y entonces ella terminó de darse cuenta que
una mujer que rie así con un hombre lo deseará hasta la muerte.Ya al finalizar decidieron andar un poquito por el paseo marítimo.Iban con las manitas entrelazadas y frente a ellos pasaban 2 señoras de buen ver (cuasi cuarentonas).Una de ellas le hizo a la otra un gesto de complicidad señalando a Eger.(la había impresionado de verdad).Azucena no dijo nada,pero apretándole aún mas la mano penso:"serás mio aunque por ello tenga que morir".Estaba nerviosa pues en aquella cenita había cimentado su esperanza.Aquel era su momento,por lo que tras unos breves instantes,situándose enfrente de el,cerrándole el paso con gracia,con las manitas aún entrelazadas y queriéndole como nunca le pregunto:
-¿quiro saber Eger,si té vas a casar conmigo?.Necesito saberlo.Eger,por favor.El financiero
por supuesto no sé lo esperaba.Ni una pregunta ni tan directa,ni por supuesto en aquel instante
Eger Washington que reía y reía.Eger que podía hacer un sueño la vida de cualquiera.Aquel
hombre a quien ni las adversidades ni los contratiempos podían tumbar su buen ser y su espíritu
alegre.El que veía el mundo a sú manera.Con unos ojos límpios y sin duda diferentes.
-Eger...¿no dices nada?-Preguntó Azu con la voz afectada.Eger la miró con fijeza.Estaba allí,ante ella Azucena Valdemoro hija de Beltrán Valdemoro,uno de los hombres mas importan-
ters del mundo.Garantía de una vida digna,alegre y sobre todo poderosa.Pero por otra parte el dictado de sú corazón...aquella fuerza indómita,su belleza radiante,el sueño de África,y el desper-
tar a su lado valían por toda una vida.Alexandra,Alex,Alexandra.Una mujer de quien sé había
enamorado profundamente.Como quizá nunca volviera a estarlo jamas.No,no era una pregunta
facil,y quizá por eso pidió ayuda a Dios en silencio,mientras unas lágrimas rebeldes acudieron
pronto a sus ojos.
-Eger...¿qué dices?.-balbuceó Azucena.
-Claro,claro que quiero casarme contigo Azu,mi amor.