intervino Nestor-yo mismo pensaba hacerlo-y diciendo esto,sé introdujo tambien en el coche
cerrando asimismo ventanilla y (pestillo).Por sú parte Bernardo no tardó en hacer lo mismo
llevando consigo al pequeño Wagner,pero Venancio que había traido sú pistolita,extendió sú esterilla en el suelo,fabricándose sú pequeño lecho y disponiéndose apasar la noche.(hacía calor
de verdad).Pasados unos 10 minutos sé escuchó la voz de Bernardo en un susurro alarmante:
-¡Venaciooo!;¡Venanciooo!.¡Anda no seas loco y sube al coche!.
-No mé da la gana,soy un veterano de guerra,estoy armado,hemos montado un buen fuego
y hace mucho calor.O sea que por favor dedícate a tús crónicas y poemas y déjame dormir.
Si a partir de aquel momento transcurrió media hora o no,yo no lo sé,pero en un momento inesperado cuando la práctica totalidad de los ocupantes del coche dormian,y tan solo sé escuchaban los dulces sonidos dela selva,de repente volvió a escucharse -GRRRRR-a Simba,
más fuerte que todos,más fuerte que antes.Cercano,gutural,desafiante,pero esta vez mucho más próximo.Por lo que tras unos minutos (breves),de vacilación,Venancio dió 2 golpecitos en el
cristal y Bernardo levantando el pestillito lé abrió sonriendo.El veterano no dijo nada,con toda la solemnidad que fué capaz sé reclinó en el asiento sín poder evitar una media sonrisa,palmeando a sú vez el muslo de sú amigo con camaraderia.El cual sín decir una palabra más,giró la cabeza hacía un ladito,retornando a sú profundo y plácido sueño.Mientras en sú rostro sé dibujaba una sonrisa feliz.
24.
Cuando por fín entraron en Mairobi iba conduciendo Bernardo.El cual (todo es conveniente decirlo),lé había tocado muy poquito.La caida de la tarde tenía un blanco de verdad espectacular,
un blanco fuerte,claro y amable.Como si esa claridad fuera capaz de cambiar el mundo.En las afueras de la ciudad,en uno de sús barrios suburbiales,las cabecitas de los niños sé veían a traves de la calima,mientras jugaban al futbol con pasión.En algunas calles sé observaban aquí y allá
puestos callejeros y en otras grandes mercados.Pero aquello era Mairobi.La ciudad en la que tantos esperaban.La ciudad de tránsito hacía Europa,en unos días donde las grandes epopeyas
sé escribian con sangre.Pronto desembocaron en el "haz azul",una de las calles principales
de la ciudad,y entonces la recorrieron despacito en busca de un sitio seguro donde dejar el
automovil.Y es que eran