domingo, 2 de enero de 2011

CUANDO DESPIERTES MAÑANA ( 62.-).-

indefensos ante la inmensidad del océano.Pasaron luego la noche,intranquilos,con miedo,malamente,pero tras ella llegó la mañana,la cual trajo consigo los primeros rayitos de sol.
Esto;lés hizo sentirse mejor y otra vez volvieron a pedalear con fierza sonriéndose de cuando en cuando y dándose palmaditas en los muslos y ¡ánimos!,¡adelante corazón!.Pues tan cierto como que existe Dios es que este no abandona nunca a los más grandes.De repente,en un momento fugaz,inesperado,apareció ante ellos (casi a última hora de la tarde)-¡No puede ser!;¡sé frotaron
dos veces los ojitos!.¡La costa!.La soñada costa de Europa del sur.¡El principio del sueño!,¡el fín de la adversidad!.Pronto lanzaron grandes:¡Bravos!,¡Vivas! y ¡Hurras!.Tratando por todos los medios de darse abracitos en posiciones realmente difíciles.Decididos a seguir con el plán rápidamente sé pusieron sús gafitas,sé quitaron los sombreros,sé pusieron sús llamativas
camisetas y el Rey Negut sé "sacó" por fuera el collarón,el cual refulgía como nunca.Al fín y al
cabo,¿porqué iba a ser tan descabellado pasar por turistas de fortuna?.(Dios mio no abandones nunca a los valientes).En honor a la verdad diremos que era un atardecer maravilloso,en el que pese a ser más bien tarde (o precisamente por ello),había aún muche gente en el agua.Algunos jugando con grandes balones de playa,gordotes,a rayitas azules y blancas;o bien (gente ya mayor);chapoteando en la orilla,charlando en pequeños grupos,tratando a sú manera de arreglar
el mundo.¿eran griegos?.No,No eran griegos,pero eran sobre todo occidentales,los cuales por unos días disfrutaban de todo el encanto del verano en el mediterraneo.Los 2 amiguitos y el pequeño Wagner miraban a un lado y a otro absoltamente fascinados.
El país en el que habían desembarcado,era en aquellos días una nación feliz,donde los grandes políticos llevaban consigo libritos de poemas al parlamento,los académicos sé daban (a juicio
de los ortodoxos),demasida prisa en incorporar los nuevos vocablos a los diccionarios,y había grandes discusiones ( a favor y en contra),sobre la conveniencia,y porqué no decirlo:sobre
la belleza de la nueva princesa.De cualquier modo era una nación por la que ya hacía muhos años
(quizá demasiados),por la que ya no pasaban los grandes asuntos del mundo,y "pese a ello"
o "gracias a lo cual".Sús habitantes eran tremendamente soñadores y románticos.Mucho antes de adentrarse en tierra,y procurando no llamas demasiado la atención,abandonaron el patinete.
Y así,sín quererlo,sé encontraron andando de camino al puerto.Un puerto precioso,casi anexo a la playa desde donde habrían de proveeerse de todo lo necesario para seguir con el plán.Pronto,sús
pies sé detuvieron en "el camino de la elegancia".Tienda muy pequeñita pero emblemática
"de ropa" (no lo dudeis),de alta calidad.
-Pero...pero¿Aquí nos vamos a meter?-Exclamó Bernardo entre admirado y asustado.¿té has fijado en los precios Negut?.
-Claro que mé he fijado Bernardo.-pero grandes inversiones són grandes avances-concluyó ,no
teniéndolas todas consigo,pues la bolsita había disminuido considerablemente.Pasados tres
cuartos de hora,más bien largos,salieron de la tiendecita,riendo,encantadores,guapos,elegantes,
endomingados,¡pero que corbatitas tán hermosas llevaban!,e incluso una pequeñita para wagner.
Acto seguido sé acercaron hasta la estación de autobuses donde-porqué no decirlo-enseguida sé dejaron seducir por el bullicio y el encanto delas nuevas instalaciones.Desde allí salían por supuesto vehículos para todas las ciudades del país;e incluso ,¿porqué no?,algunas de las más cercanas de Europa.Habiendo llegado en la hora punta,todo era un trasiego y un sín vivir descomunal.De repente,el Negus dió algunos pasitos con motivo de comprobar en pantalla algunos horarios,Bernardo lé siguió incosciéntemente y entonces por uno de esos caprichos del destino y sín darse ninguno cuenta,el pequeño Wagner-que andaba distraido-sé encontró en un
momento solito y perdido,en medio de todo aquel gentio.Por sú parte el Rey Negut y Bernardo,
al darse cuenta del extravio del muchacho,no pudieron experimentar una desdicha más grande,
sín atreverse a llamarlo a voces,por miedo a llamar la atención constantemente,