miradas de inteligencia.
-No obstante señora-intervino el Rey Negut,chupándose uno de los deditos con cuidado-aunque
ahora tengamos poco éxito pronto ya verá como somos un movimiento internacional.
-¿internacional?
-Si;ya verá como si.-contestó el Negus convencido.
-¡Señoras!;¡Señoras!,esto estaba realmente delicioso-exclamó Bernardo al punto que sé limpiaba
los labios con una servilletita;-¡Tendrán ustedes que darme la receta!
-Ah;ah...sé siente,sé siente...-respondieron ambas amigas terrible y gozosamente complacidas.-
-¿tomaran un helado de postre?-preguntó Delia con amabilidad.
-Pues si;si señora respondieron los 3 a la vez con una gran sonrisa,pues para ellos los helados eran tanto una novedad como uno de los mayores placeres de este mundo.
Yo misma los traere entonces -sé ofreció la anfitriona.
-¿como los prefieren de chocolate o de vainilla?.-
-De vainilla por favor-respondieron los 3 a la vez.Muy pronto estuvieron frente a sús respec-
tivos cornetes,(tres avanzados de vainilla);los cuales curiosamente ingerian (seguramente
por falta de costumbre),sacando ostensiblemente la lenguecita y dándole una requetevuelta
al cucuruchito,con lo cual absorbian de una sola vez una ostensible cantidad.-.No pasaron
sino unos instantes de aquello,cuando todos escucharon el ruido de una llavecita dando vueltas a la cerradura.
-¡Ya está aquí la srta. Alexandra!;¡Ya está aquí la srta. Alexandra!-repitió Marta con ostensible
alegría.Entonces todos sé pusieron de pie.Los muchachos aguardando expectantes,mientras al pequeño Wagner lé latía el corazónan acelerádamente,pues en el transcurso del tiempo había aprendido a querer a aquella muhacha casi tanto como al mismísimo Ruiz de Carcasona.
-Oh;pero si són el Negus Negut ,Bernardo el cronista y Wagner el pequeñín-exclamó
sonriéndoles y corriendo a abrazarles.Hecho este que motivo el que aquellos hombres,y el
mismo niñito sintiéndose por una vez queridos y no rechazados ,y despues de haber pasado
tantos sufrimientos y penurias,algunas lagrimitas lés brotaran momentaneamente de sús ojos
mientras (todos a la vez),sé fundían en un abracito con ella lleno de ternura,dando incluso
algunos saltitos entrelazados.
-¡bueno;bueno!;chicos ya esta bien por favor-dijo por último Alexandra,momentaneamente despeinada,sonriente y gozosamente divertida.
-¡Venid,venid conmigo!.¿Habeis terminado?.¿no?.-lés preguntó haciéndoles un guiño secreto de complicidad.Despues subieron las escaleritas encaminándose a sú ámplio dormitorio,el cual
como no podía ser de otra manera estaba presidido por una gran fotografía del Doctor
Livingstone en la cual aparecía:joven,hermoso,valiente,y cuyas facciones denotaban una gran
humanidad.Por otra parte