domingo, 3 de abril de 2011

CUANDO DESPIERTES MAÑANA (79.).-

almohada miraba al techo sín poder ocultar las lágrimas.Algunos de los guardias al escucharlo, bajaron la cabeza enmudecidos y muchos no sé atrevieron ni siquiera a mirarse entre si.Entoces allí,en medio de la celda,con las paredes pintadas con aquellos colores terribles,Al Negus Negut lé vinieron a la mente otros momentos y otros días.Días apacibles en el pequeño valle y días terribles de guerras,de esfuerzos,siquiera cuando era factible la epopeya.Finalmente exclamó: -Oye Bernardo -Dime -Yo tambien quiero morir por la poesia.Y entonces 2 brazos surjieron,cada uno de entre sús barrotes y chocaron con orgullo,con camaraderia,con amistad,esa amistad verdadera que sé forja en los momentos difíciles de la vida,y a la cual ya nadie ni nada en el mundo puede romper jamas.- 34. Siempre lé habían gustado los centros delas ciudades,especialmente los de sú patria.En parte por poseer los rincones más entrañables y románticos que uno pudiera imaginar,y en parte porque en muchos de ellos todavía flotaba ese cierto aroma de reconquista,de mezcla de estilos artquitectónicos.Hombres que habían entregado el alma en el último fragor de la batalla,en defensa siempre de la libertad.De sú ciudad lé gustaba especialmente el gran palacio de invierno, asombro del mundo y durante tanto tiempo residencia oficial de los Reyes;el gran teatro de la ópera,y sobre todo:¿será extraño?;el descomunal edificio de la bolsa.El coche lés había dejado a tan solo unos pasitos del auditorio Rey Felipe,donde aquella noche se celebraba la gran gala de la cruz roja.Pero dada la aglomeración a la entrada (con la imponente alfombra roja). Y tambien (porque no decirlo),por la urgencia repentina de Azu en ir al servicio decidieron recorrer el último trecho caminando.Por este motivo y sín pensarlo 2 veces,cuando divisaron el escudo del "León rojo";célebre bar-restaurante de reconocido prestigio.(si bien tuvo días mejores).Ambos sé introdujeron en el.El León era un local pequeño,coqueto,todo revestido de maderas nobles y con las copitas dispuestas hacía abajo en las estanterias,prestas para ser utilizadas con urgencia.Lo ciertoes que por todas partes sé veía una mano profesional y esto,no lo dudeis,fascinaba a Eger.(siempre atento a la industria y el comercio). En el momento en el que Azucena sé introducía en el servicio (¡por fín!).El propietario extraía un pequeño cargamento de vasitos de sú reducido lavavajillas industrial,Luego miró a Eger y lé sonrió,pues por alguna razón que incluso el desconocía,estaba encantado de volver a tener en sú establecimiento gente así.Por sú parte el financiero,atento en todo momento a cualquier detalle lé devolvió la sonrisa con educación y lé pidió un botellín de agua mineral. Despues miró la máquina de tabaco.No,ya no lé atraían los suaves y caros tabacos rubios de entonces.Aunque eso si,seguía jugando inconscientemente cón sús 7 moneditas en el bolsillo del pantalón.De cualquier modo pronto sú atención tuvo que centrase en aquel televisor mediano que el propietario mantenía encendido con un audio