Mentiría si dijese que aquellos días de los que os hablo no eran plenos y románticos y vinculados
a lo precioso.El grupo de Bloomsbury tatareaba acompasadamente una cancioncita describiendo una fila alineados en la valla de piedra de la casa.Anochecía y esperaban la retransmisión del discurso del candidato Ayala.¡Ayala Dios mio...!;¡El candidato Ayala...pasado el tiempo podrá si sé quiere tener otra visión pero en aquel tiempo lo cierto es que ya no sé era condescendiente con los ancianos;y por eso os digo que el candidato Ayala era esperanzador;y valiente y pleno de vida
y de encanto;ya que en el muchos veían;vamos a decirlo ahora;el fín del departamento de
bienestar-policia-y muerte digna.Sús banderas eran blancas;y celestes y preciosistas;como en efecto lo eran sús músicas de fondo;ya que contra todo pronóstico eran retazos de canciones entrañables de otra época:
" Y ahora que recuerdo...
Té estoy queriendo tanto...
Hasta hacerme daño...
Quizas;quizas;quizas....".
Frente al televisor habían organizado una mesa con aceitunas (¡de anchoas!);y un platito de
patatas fritas Salazar.Al pronto...¡Que alegria...!
-¡Anne...!;¡Anne...!;¡Alfonso...!;Entonces sé asomaron a la ventana y advirtieron
a todos sús amigos apoyados en dos coches...ilusionantes;con la imagen y los mensajes del
candidato Ayala.Fueron unos militantes magníficos;pero hasta donde yo sé no ganaron jamas.