I.-De tal suerte que siendo niños de corta edad,niños que leían a Edmundo D´Amicis el verdadero jugador profesional,la estrella,la figura,no tenía otro deber ante los ojos de la parroquia,ante los ojos del gran público,sobre todo ante los ojos del niño que el consentir en ser siempre personas:dignas,ejemplares,admirables,y de este modo evocación de otros días en los cuales a los jugadores les era lícito cierto aseo,una cierta compostura,siempre la camiseta por dentro,por toda premisa el sudor...
aquel fabuloso Helenio Herrera el cual ahora fuera del banquillo gritaba:
¡Hombres...hombres y no nombres...!.-La ilusión,la garra,la transmisión de valores de tal modo que ahora desde cualquier ángulo podía escucharse al público...
-¡Mira ahí está Gregorio Benito...!.-toda vez que entre aplausos,entre el desmayo del coliseum volvía a recoger el balón en aquel su pundonor inolvidable...su legítima ambición de sudor...-