De este modo observaron como Baltimore aparcaba su pequeña bicicleta:hermosa,violacea,dorada frente al establecimiento.De tal suerte que ahora y una vez dentro de la repostería no pudo por menos que evocar
a la dulce pastelera, la cual-y en su particular imaginario-tan solo ataviada con su delantal, le preparaba jugosas mermeladas,así como algún que otro suizo,de tal suerte que no pudo por menos que deleitarse al advertir como vestía su "fix-up",al tiempo que se enardeció pensando en aquella la dulzura de su espalda
tanto como en la sensualidad de su "Gregory...".