I.-De tal suerte que la civilización no conseguirá el hecho del hombre egregio,toda vez no logre el hombre provecto,aquel que no hubiera dejado de disciplinarse a diario.Tal y como fuera el caso de Cicerón,aquel Cicerón querido,si bien...."hoy no he visto su cabeza nivea en el senado....".
II.-Quiero decir con ello que el espíritu de las personas en cuanto a la antiguedad,y aún en los días del nacimiento de Cristo obedece sobre todo a un espíritu de fatiga de batalla,a hombres para los cuales la atrocidad de la guerra no suponía sino "lo consuetudinario",que consentían en ser duros hasta el extremo y que toda vez procelosos en aquella la "acuñación" de la violencia ahora cualquier edicto promulgado-hoy sin duda brutal-no era admitido sino con naturalidad,pues tal era la habitualidad del hombre para con el hierro.