Y sin embargo que emoción el día en el cual nuestro compañero de pupitre ,el puber atildado,con la
raya en un ladito nos leía frente al encerado.( aquel encerado por el cual sentiamos un respeto sepulcral ).El capítulo pertinente de "corazón" dedicado a los premios.Aquellos premios que se otorgaban entonces cuando en verdad no había desaparecido la urbanidad de las escuelas y de otro modo existía un respeto muy grande por la vida civil ordinaria.De esta manera soliamos ceder
el asiento a los ancianos toda vez el trayecto del autobús o bien los ayudábamos a cruzar la calle
mucho mas si eran invidentes.Urbanidad y código de costumbres las cuales de algún modo - y sin
que supieramos porqué - un día se fueron para siempre.-