Es así como alégremente subíamos por la ladera del valle la cual entonces denominábamos
"Alabardos" con el fin de toda vez gracias a la ayuda de los cooperantes del gran telescopio
( o la comunidad científica del telescopio );poder contemplar las esferas con el máximo grado
de perfección posible.Si bien en aquellos días de mayo ora si..ora no... solíamos mirar al cielo
con el fin de poder adivinar cualquier posible tormenta.En cualquier caso aquello que se nos
antojaba imprescindible era efectuar un receso en torno a hermano Othón,receso para el cual los estudiantes de astronomía (y muchos de ellos de primero de cocina) ,solían ofrecernos buenos productos de charcutería,cuando no extraían de sus zurrones aquellos pimientos:verdes,grandes,
preciosos,con los cuales solía venir aparejado su buen puntito de picante.Así hermano Othón solía
ponernos a prueba exponiéndonos los temas mas diversos al punto que enseguida la conversación comenzaba a girar hacía cualquier cráter de la luna como muy bien pudiera tratarse del Ideler.
Nos preguntaba entonces hermano Othón ,y nos ponía frente al supuesto - toda vez cortaba un pedacito de queso de cabra- de como si la luna era capaz de influir en el hecho de los volcanes de la tierra,de aquella susceptibilidad del agua que hubiera en su interior,tanto era así que dadas las leyes del magnetismo con toda probabilidad era mas que seguro que la tierra ( o el influjo de la tierra);tuviera un papel mas que decisivo en cuanto a los cráteres de la luna y que llegado este momento-y así nos emplazaba enarcando una ceja - tan solo correspondía a los buenos físicos hallar una ley que hoy bien pudiéramos denominar de "magnetismo inverso".