Nos considerábamos - si bien está mal el decirlo - excelentes pedagogos en tanto en cuanto sentíamos que éramos capaces de transmitir a "los infantrii" la mejor de las virtudes ,tal y como a buen seguro
pudiera ser la curiosidad.Así los precipitábamos a que se fascinaran por las mas pequeñas de las cosas
siendo de este modo como aún puedo evocar el primer día el cual observe a Ptolomea desenvolviéndose con ellos en el parque natural.De tal suerte que tras la tremenda pisada de "Martol"
(nuestro gran elefante);entonces y tras esperar un tiempo prudencial nos acercamos a estudiar su huella.Aquella huella que en breve sería fuente de vida y la cual en otros mundos era esencial para
sostener la cadena trófica.