sábado, 7 de enero de 2017

El eider de anteojos.-

amábamos las dulces tardes en las cuales nos retrasábamos contemplando la belleza de los pantanos
de tal suerte que ora si...ora no...creíamos entrever un éider de anteojos,el cual poseía la virtud de
distinguir aquello que nosotros entendíamos como una gratísima polifonía salvaje de modo y manera
que bien pudiera decirse que no le persiguiera sino la desdicha,pues para si precisaba las aguas mas puras ,como los mas limpios de los cielos.Toda vez transcurrían los días en los cuales hermano Othón se preguntaba hasta que punto las aves podían distinguir la musicalidad del universo en cuanto tuviera a bien abrirse otra vez la megatosfera.