martes, 3 de octubre de 2017

Días en los cuales el pueblo está solo.

Reclama Catalunya para si,aquello que es la esencia de un país,la esencia de un pueblo.De tal suerte que ahora la paciencia requerida,el sonido apenas perceptible del viento,ese viento húmedo el cual transporta las hojas en Otoño y que al pronto tiene a bien el decirnos cuando ha de estar la pasta de judías,cuando es el momento para comenzar a elaborar el miriñaque.Se trasladan pues los grandes
mandatarios del mundo a Davos,Davos que supone el aislamiento,el necesario retiro espíritual,de modo y manera que ahora existe la distancia precisa,se atiene entonces a derecho el ritmo circardiano,promoviendo como máxima la charla pacífica,la placidez del encuentro,por fin el arte de conversar.Es así entonces como devienen unos días en la vida,se suceden pasajes en la historia de las naciones,momentos en los cuales por último el pueblo está solo.Y así narraba Adriano el tiempo en el cual Roma había dejado de creer en los Dioses,había dejado de creer en los ídolos y Jesucristo no había aparecido aún.