lunes, 30 de diciembre de 2019

El supremo.

Existía otra España, aquella España la cual se estiraba, España cumplidora y que argumentaba en tiempo y forma las entonces procelosas tablas de Leontieff. En realidad el país decidió cambiar cuando se quiso dejar de lado la política, cuando se decidiera que tomarán el timon de la nave los tecnocratas. Existía... existía entonces una estima muy alta por lo universitario y no miento si concluyó cuando afirmó que es la vida universitaria. la academia... la que salva el país.. De éste modo nuestra patria pasa a ser un paraíso de excelentes juristas. El derecho está de moda, el derecho no se deja pisotear, el derecho se respeta por encima de todo y así mi bisabuelo - Pepe - le ganó un pleito al todopoderoso metro de Madrid en el año 1.960, asunto que hoy dado el nivel adquirido "por lo político" resulta del todo impensable. En otro orden de cosas las oposiciones gozan de un prestigio formidable ( sobre todo la ley). De modo y manera que al legislador jamás se le hubiera ocurrido "distraer" ( si esta es la palabra que agrada) a la menor magistratura del Estado. De otro modo, toda vez se observen con atención las películas de Ozores ( verdaderas compilaciones sociológicas...), entonces muy pronto observaremos la efervescencia del derecho, la potestas del derecho, si se quiere decir así toda España es jurisprudente e incluso la fabulosa Conchita Velasco no está sino magnífica haciendo el papel de abogada del inmortal Manolo Escobar. De esta manera todo ello sucedía con la aquiescencia de Carrero Blanco, Carrero asesinado y caricaturizado, toda vez el coche que le seguía... - brillante para su época - era el del viejo. El viejo el cual una y otra vez hubiese repasado el dictamen de Bruselas, el viejo abogado y estudioso del derecho con cuarenta y muchos y el viejo que en tanta consideración tenía para con el supremo y que quizá al igual que yo esta noche pensando en España tampoco hubiera podido dormir...