En aquéllos días lo cierto y verdad es que los cruceros eran un sueño, y un pretexto para que aquellos jovencitos de la realeza soñaran, se divirtieran y de algún modo vivieran sus días de vino y rosas. Eso lo sabía muy bien el general el cual en este momento vestido de civil esperaba a Juanito con las piernas cruzadas mirando ora si... ora luego también el reloj de cuco.
- Excelencia... ¿un campari...?.
- Oh, creo que tomaré un vaso de agua.
- ¿ De solares? - Pregunto Mario.
- Hágame el favor Fontan que sea del grifo.
- ¿ Han avisado a Juanito?.
- Si, no creo que tarde.