Si aun viviera Hegel muy pronto discerniria como el único entramado afectivo capaz de superar el estado nación es la historia. Así decía Niezchtze como allá donde no llega la moda, hasta donde no se quiera ser moderno entonces aquello que se vislumbra es el zueco, la polaina, la alpargata, el traje nacional. Volvemos al traje nacional una y otra vez en cuanto no amamos la geografía, en cuanto no amamos los viajes, y en cuanto el sapiens - es verdad - no puede superar su pequeño egoísmo, pues es incapaz de avanzar en su performance del hacha de sílex.
- ¡ Rutte!, ¡ Rutte!, ¡ Rutte!, ¡ no les des dinero a los Españoles!. Suplicaban los trabajadores de las fábricas holandesas a su primer ministro... en aquello que no cuentan nuestras crónicas.