domingo, 17 de abril de 2011

CUANDO DESPIERTES MAÑANA (82.).-

Chasqueaba los deditos de manera no sonora: A mi manera.... Y entonces los dos sé juntaron más si cabe y ella al volver (de una manera inconsciente y dramática) a apoyar la cabeza en sús hombros,comprobó como las lágrimas acudían pronto a sús ojos y sín poder evitarlo pensó:"Dios mio quiero morir así".Pero entonces,sín saber siquiera por donde nos llegan estas cosas,y casi sín querer notó otra vez en sú cuerpo la presencia infinita del mal.Pero...¿porqué ahora precisamente?.¿y de esta manera tan fuerte?. El dolor era siempre el mismo,esa inmensa deblidad acompañada de fiebre,con grandes accesos de tos.Enfermedades que tantas y tantas veces había visto en África,y que tantas vidas sé habían cobrado.(sintió miedo).Entonces como si de una aparición celeste sé tratase surgió a sú lado la figura de Ruiz de Carcasona.Alexandra sé separó de sú abrazo con Eger y lé dijo: -¡Mira eger!;¡Este es mi jefe!.(sonrió);El sr.Ruiz de Carcasona.Los dos hombres chocaron las manos de una manera franca,directa.Eger en ningún momento dejó de sonreir,aunque eso si, lé impresionó la cicatriz larga y profunda que Ruiz de Carcasona lucía en sú brazo derecho. Un brazo :largo,herido,tostado inmisericordementepor el sol.Pero serían sobre todo aquellos implacables ojos azules los que el financiero ya no olvidaría jamas.Cuando salieron a la calle, la fiesta sé hallaba,como decirlo...en sú máximo esplendor.Ya sobre la acera el trataba dulcemente de arroparla con sú abrigo largo.Necesitaban urgentemente un taxi.Cuando:¡Taxi!;¡Eh taxi!,lograron detener a uno.Y fué desde luego en el momento más oportuno,pues ahora comenzaba a nevar.Si bien todavía con una cadencia suave y armoniosa.Ya en el interior Ruiz de Carcasona no podía dejar de mirarla.Alexandra con sús infinitos ojos verdes mirando a algún punto indeterminado.Alexandra "parece que fué ayer",la niña que lé pedía encarecidamente entrar en sú organización."que necesitaba cambiar el mundo".La mujer que manejaba con precisión el M 16.Sín embargo..."¡que bien habías entendido el mundo Alex!". Entonces reparó en que una parte de sús cabellos sé habían humedecido por la nieve adhiriéndose a sús labios de un modo sensual...no,no fué capaz de mirarla más...corazón de Livinsgtone...-susurró mientras cerraba el puñito y la nieve golpeaba contra la ventanilla. Nada más llegar Marta salió a recibirles con el paraguas.Desde el principio lé notó a Alexandra mala cara. -¡En que hora señor!;¡en que hora!-exclamaba una y otra vez al tiempo que caminaba deprisita debajo del paraguas por el ámplio y bonito empedrado. -Menuda ocurrencia!-les espetó,tapando con mimo a Alex.Y usted Sr.Carcasona.¿no tenían otra noche para salir?.El "viejo" activista no dijo nada,pues bien sabía que era inutil discutir con Marta.No obstante lé sorprendió la velocidad con que la nieve estaba cuajando.Una vez en el interior (shhhh) comenzaron a hablar bajito;Marta encendió las luces débiles de la escalera -esta bendita chiquilla-proseguía mientras lés guiaba a sú cuarto como si de una niñita pequeña sé tratase-aún recuerdo la mañana en que nació,con sús ricitos dorados y aquellos ojitos verdes. Era un bebé precioso-evocó con nostalgía. La habitación de Alexandra era una estancia ámplia,diáfana,con un gran cuerto de baño anexo y la superficie de la cama repleta de almohadones,ositos,( y alguna jirafa)-Era uno de los dormitorios más grandes que Ruiz de Carcasona hubiera visto jamas.A sú lado coexistía una gran mecedora tapizada donde sú padre sé había sentado tantas y tantas veces en sú niñez. -Sientaté aquí si quieres mientras mé cambio-lé indicó Alex señalándole la mecedora.Ruiz de Carcasona siguió la indicación y sentándose de manera informal juntó las manitas con ese gesto suyo tan característico.Antes de que sé diera cuenta Alexandra estaba frente a el con el brazo derecho extendido apagando la luz del servicio, y "equipada" con un pijama muy masculino color vino que quizá lé venía algo grande.Cuando sús miradas sé encontraron,sé sonrieron,con lealtad;de corazón,sín malicia,y no es que Ruiz de Carcasona no la quisiera;no.Pues la quería más que a sú vida.Pero