Entonces cruzando ambas manos sé sentó al borde de la cama contemplando la lámpara
mientras en el servicio anexo el Sr.Horn sé anudaba la corbata toda vez que tatareaba:
"el peluquero del perú..."Como quiera que fuese la suave cadenita que tantas veces llevara al cuello oscilaba de un lado a otro y era tal sú cadencia que por un momento creyó simultanearla con el Tic-Tac del reloj.
-Entonces...
-Si.
-¿Vienes?
-Si...iré contigo-respondió mordiéndose el labio.
-Pero...¡eres libre!.¿lo sabes no?-exclamó enarcando una ceja al tiempo que asomaba la cabecita.
(Sonrió).
-No té preocupes por "nuestra intimidad";pues siempre que lo desees podremos jugar al
"Tuli-pen"-la dijo sintiendo fortísimamente la dicha de amarla.
Por último cogieron el trén ya de madrugada pues era evidente que el momento de "cruzar la
frontera" no era otro sino ahora".Manipularon entoces sús maletas y así transcurrido un
tiempo observaron como 3 soldados:altos,fuertes y curtidos se disponian a subir en el
apeadero de Lebergott.De este modo trataron una y otra vez de abrir las ventanas (asunto del
cual finalmente desistieron);para despues y fugazmente cruzar sús miradas con la del caballero
del Sur.
-Vamos cariño...es tú ocasión...-la susurró.
(sonrieron).Sonrieron al tiempo que sín pensarlo sé entrelazaron las manos.Entonces apareció la figura del revisor.