domingo, 24 de abril de 2011

CUANDO DESPIERTES MAÑANA (83.).-

Habiendo en el pasado fracasado en el intento de conquistar sú amor,hacía tiempo que este
(aún siendo todavía una lengua de fuego),no lé quedaba otra alternativa que permitir que lé
mordiese en secreto.En secreto como sé quería antes,en otros mundos,en los tiempos de la
caballeria.Y esa era sú miseria pero tambien,no lo dudeis sú grandeza.Hablaron de todo un poco,de la fiesta primero,de las anécdotas despues,de los viajes,de como serían sús vidas.Y sús ojos volvieron a brillar al desmenuzar sús nuevos proyectos para África.Y así,siguieron hablando mucho tiempo de cosas trascendentes y tambien intrascendentes,hasta que muy entrada la noche la mente de Alex encontró con fuerza la imagen de Eger Washington,y entonces sín poder
evitarlo lé preguntó a sú jefe:
-Pero dime...¿tú crees en las almas gemelas?.Ya sabes el amor a traves del tiempo...la invencible
eternidad.
-Yo..no lo sé Alex...de verdad,respondió el activista con un nudo en la garganta.
-Mé gustaría tanto que existiera el cielo-dijo con voz debil...recientemente sé habían pasado el librito del padre Stefano "Guía del viaje al cielo".No sé lo habían creido del todo,pero habían
pasado un rato estupendo.Ahora volvian a sonreir recordándolo.
-¿Tú crees que existe el cielo?-lé preguntó mirándolo con fijeza,implorándole sinceridad.
-¡Que si que existe;que si!-respondió rápidamente el activista,al tiempo que los dos a la vez
extendían los razos ,y sé agarraban las manos con fuerza.(Lé pareció que respiraba mal,muy irregularmente,pero poquito a poquito sé iba quedando dormidita).Despues soltó el bracito y sé entretuvo un rato mirándola.Hasta que por fín,una vez consultado sú reloj decidió salir del uarto.
Abría la puerta despacito,cuando escuchó a sús espaldas:
-¿Ya té vas compañero?.Así;¿sín despedirte?.¿sín decir adios a los buenos camaradas?.Ruiz
de Carcasona sé acercó con cuidadito,y murmurando algo así como:"perdona Alex"la dió
suavemente un beso en la mejilla.
-Tú aliento...-exclamó Alexandra..-noto que quema como el hielo...
-Alex yo...-intentó responder el bravo activista,pero sín saber que decir.Entonces volvió asentarse a los pies de sú cama,y durante mucho tiempo estuvo ahí,como habían estado siempre los últimos,velándola,pues los viejos corazones no fallan jamas.Ahora veía la habitación
como luego la recordaría siempre;con ese olor suave,irresistible,y con sú cabello limpio
flotando entre los almohadones.En un momento determinado.-ahora si-cuando la creyó
profundamente dormida,sé levantó y iendo hacía la puerta,la lanzó un beso suave con la punta
de los dedos,y luego abriendo sín apenas hacer ruido sé marchó.


35.

¡Que bien conducía el sábado tempranito sín apenas nadie paseando por la avenida!.El coche
sé deslizaba:gracil,suave,rodando,casi como si de un juguete sé tratase (un juguete caro;eso si).
Lo cierto esque aquella ausencia de tráfico empezaba comunicándole un día esforzado y
paradójicamente alegre.Un día en plenitud.Sín embargo y Dios sabe era inevitable sú alma
y sú ser viajaban una y otra vez hacía el mundo y la vida de Alexandra.Dobló a la izquierda y por fín sé dejó engullir por el coqueto parking para personalidades.El cual contrariamente a otros sábados sé encontraba lleno.Y es que hoy había reunión extraordinaria en la planta noble.
Abrió la puerta con cuidadito (pese a saber positivamente que no había nadie),y entonces realizó
una de las poquísimas con-