Siempre lé habían gustado los trajes finos.Los tonos grises lé sentaban como un guante,pero
si iban acompañados de rayitas blancas entonces sé tornaban suaves,rayando el preciosismo.
¡Dios que bien lé sentaban!.Nadie sabía con seguridad sú datación sobre la tierra pero lé
delataban esos gemelos elegantes y...¡por favor;ahora no...!;ahora no mé lo digais;no puedo creerlo pues era de aquellos hombres gracias a los cuales el imperdible no sé perdería jamas.
Pero...¿podía existir alguien así en el mundo?.Horacio Clemente avanzaba por los vagones con
sú gorrita de una "eléctrica" y sús pantaloncitos cortos al tiempo que tatareaba:
-"Salalalala...Oh;ohhh;oh...".-pero nada más verle el rostro y percibir que el no sé había dado cuenta "giró de inmediato" sobre si mismo;moviendo la cabeza espasmódico,dirijiéndose a sú
mujer susurrando:
-¡Tira...tira pa´atras corre...!.En adelante consultaría con puntualidad las "Horas valle".El cargo
que ostentaba era Jefe de bienestar-policia y muerte digna;y no había otro hombre más
temido en Europa del Sur.En sú interior estaba contento de como marchaban las cosas;
"Sé iba la gente y sín pasaporte...";pero estos residentes en Benidorm...¡Dios!..-bajó la cabeza;
sé mesó un poquito los cabellos...¡Si;Siii;el tendría respuestas...el hallaría legislaciones...!