No era un martes cualquiera y Amparo (que era bellísima) lo sabía perfectamente, pues tanto era así que en su onomástica... ah, aquellas onomasticas de antaño, su marido Adolfo, aquel eterno número 9 de Cebreros había conseguido "dos entradas dos" para el inminente estreno de la última obra de Alfonso Paso."usted puede ser un asesino"
- ¿ Pasión por el teatro?.
- Pero... Pero por supuesto y tanto era asi que a ambos les chisporroteaban los ojitos. Como la mayoría de familias de la epoca, la de Adolfo y Amparo era numerosa ( felizmente numerosa) y quizás por ello su hijito mayor Adolfito aparecía y desaparecía por el dormitorio de sus padres revelandoles :
- ¡ Mama, mama mama... voy a ser torero