domingo, 30 de enero de 2011

CUANDO DESPIERTES MAÑANA ( 67.)

el Rey Negut no podía dejar de admirarla,pues siempre lé había conmovido sú belleza,siendo ademas una de las personas de la tierra a quien quería más.-¿qué?-lé preguntó Alexandra divertida al sorprenderle observándola:pero no pudo proseguir pues en aquel instante la entró un ataque repentino de tos.Aquello al Rey negut no lé gustó nada,pues era el tipo de tos que tantas veces había visto en sú pueblecito,y tán común en África;por lo que una sombra de inquietud cruzó:rápida,rápida sú corazón.¿Alexandra sé muere?.¿Sé muere Alexandra?.Al final
desechó por completo la idea y junto con todos sé reintegró a la conversación.Así "pasaron" alborotando más de 2 horas sín que ninguno sé diera cuenta del tiempo transcurrido cuando de repente todos sé vieron embarcando en el coche de Alexandra.Pues esta sín dudarlo estaba dispuesta a acudir a sú amigo el padre Pateras.El cual como era sabido luchaba siempre hasta el límite por la gente de la emigración.
-¡Subid!;¡subid todos chicos!-exclamó Alex al tiempo que arqueaba el cuerpo para introducirse
en el coche.Entonces dió:una...dos...tres vueltecitas a la llave y ...¡nada!.Ningún ruidito.Dió una vueltecita más y entonces el Rey de un modo decidido pero de excelente humor dijo:
-Nada,nada,muchachos;¡hay que empujar!.(afortunadamente gozaban de una suave pendiente).
Mientras Bernardo y el pequeño Wagner bajaban algo confundidos,ya que estas cosas solo
pensaban que sucedían en África.Afortunadamente tras dos carreritas cortas,y la pericia de Alex;(ay Alex);el vehículo arrancó excepcionalmente-todo hay que decirlo-con un sonido formidable;y así,todos juntitos emprendieron el viaje.


29.

El padre Pateras habitaba en aquel edificio grandote,vistoso,inmenso,construido fundamental-
mente de ladrillo visto.Aquel ladrillo que en silencio decía:"no cederé jamas".-aparcaron sín problemas en el pequeño estacionamiento donde previamente sé habían situado 2 vehículos.
-Dejad los hatillos en el coche chicos...por ahora..-aunque la verdad espero que tengamos
suerte...-y en efecto;en un principio no pudieron ser más afortunados,pues en aquel instante vieron pasar al padre Pateras caminado,con las manitas a la espalda,entre los árboles del jardín,
con una muchachita embarazada,concentrado totalmente en la conversación.
-¡Padre pateras!;¡Padre pateras!,¡Padre pateras!-lé llamó con alegría Alexandra.
-Dios mio Alex-.exclamó el sacerdote dándose la vuelta ra-